viernes, 25 de marzo de 2011

Puigmal, primera invernal (19/3/2011)

A las 5:00 hemos quedao el Angulo y yo en mi casa, porque he perdido todas mis mochilas montañeras (estoy como el Pocholo, “donde está mi mochila!”); de hecho, me las han robao currando, y el Angle me trae una suya pa dejármela. En casa, con dos bolsas del Mercadona atiborrás de cacharros tales como brújula, guantes, gorro, mapas, bocadillos, frutos secos, etc. espero a que llegue para poder montar mi petate. Sin embargo, pasadas las 5, lo llamo y resulta que s’ha quedao sobao. Me parto de risa, porque el Ivan está esperando en el coche en la otra punta del pueblo.
En 20 minutos el Angle se levanta, se equipa, se hace los bocatas (de hecho, lo único que hace es coger la barra de pan, partirla en dos y pillar el blister de chorizaco) y llega a Molins. No se ni como lo ha hecho…

Cuando llega, le estoy esperando en la calle con las dos bolsas en la mano cual indigente, me subo en el coche cual espía de la KGB y salimos hacia el terraplè. Allí nos esperan el Ivan y el Carles (su cuñao), que pone el coche (y la gasolina, que la paga su empresa, por lo que eso nos sale gratis).

Son las 5:30. Mientras hacemos las presentaciones (al Carles no lo conocíamos) aprovecho para rellenar a saco la mochila como bien puedo, aparcamos el carro del Angle y pillamos autopista parriba.

Llegamos a Ribes de Freser a eso de las 7:15, paramos delante de un bareto y nos tomamos un cafelito y un croissant, mientras acabamos de concretar detalles de la ruta. En esos momentos llega el Xavier, colega del Ivan que viene de Ullà, y almuerza también con nosotros. Aprovechamos para echarle un ojo a las raquetas y crampones. Creía que ellos tenían idea del tema, pero veo que no, están casi tan pez como nosotros. Así que ya veremos…

Nos apalancamos a lo tonto y luego toca correr hasta Queralbs pues la hora de salida del Cremallera es las 7:50 y, si perdemos ese no hay otro hasta al cabo de una hora. Gracias a un sprint del Ivan, que consigue detener el tren, nos subimos todos a saco sin billetes, y los pagamos directamente a una “revi” con pinta de pueblerina.

Son las 8:20. Llegamos a Núria, y parece un paisaje de postal navideña. Hay nieve pa rebentar, muy por encima de nuestras expectativas. Una vez en Núria vamos a buscar información sobre el tema de las alertas de aludes. Hay unas pantallas de información sobre las pistas de esquí donde se dan bastantes indicaciones, pero aún así nos acercamos a preguntar a unos “xirucaires” que parecen los responsables, no se bien bien de qué. Nos indican que está la cosa en riesgo 3 (moderado), pero que vayamos con cuidado y no nos salgamos de la pista principal. Por tanto, la idea que traíamos de ir a alcanzar el Coll de Finestrelles y carenear un trozo queda descartada. Hay que seguir la ruta de la Canal de l’Embut. El problema es que no está señalizada (hay casi dos metros de nieve) pero con el mapa y la brújula no habrá problema.

Son casi las 9:00. El Ivan conoce el entorno y nos dirige al punto de salida de la ruta, paralela a una pista de esquí. Allí fuera nos equipamos las mochilas bien, nos preparamos y empezamos la marcha. Todos llevan polainas para protegerse los pies. La verdad es que van bastante full equip (excepto el Xavi, que es bastante pagesot y en lugar de bastoncitos de esquí lleva un gaiatu). Yo no tengo polainas de esas, así que cojo los cordones y los enredo entre el bajo del pantalón de esquí, por encima de las botas, para evitar que la nieve se cuele dentro. Cutre pero eficaz.
Primeros pasos, ya en la nieve..En cuanto abandonamos la senda paralela a la pista de esquí nos tenemos que calzar las raquetas. La nieve empieza a estar muy profunda y con las chirucas empezamos a clavarnos de lleno. Toca, pues, ponerse las raquetitas, con la pérdida de tiempo que ello conlleva. Aprovecho unos momentos de cobertura para llamar a la Suli y tranquilizarla un poco. Le meto la trola de que hay poca nieve y que el riesgo de aludes está en 1, que nos han dicho que no hay peligro ninguno. Prosigue la marcha, muy lentamente. Ahora se para uno que la raqueta no le va bien, ahora se para otro pa hacer fotos (yo no he traído ni cámara). El avance muy lento me preocupa porque veo que hay mucha nieve suelta, y el sol empieza a asomarse. El día es muy estable y las predicciones son de sol potente pa todo el día. Me da miedo que la nieve se reblandezca mucho y nos dificulte el avance para arriba, así que pienso que tenemos que aprovechar la nieve dura desde el primer minuto.

Comento la jugada con el Ivan, el que parece más experto en asuntos técnicos-montañiles, así que saco el mapa y planteamos la ruta a seguir y el planning. Lo debatimos mientras el Carles se pelea con las raquetas, y llegamos a la conclusión que desayunaremos arriba del todo, casi en el collado.

Reemprendemos el camino, pero el avance es lentísimo. En uno de los parones generales para hacer fotos y tal, me pongo en cabeza. Hay que forzar la marcha. El camino es muy evidente, aunque con la ayuda del mapa de la Alpina y la brújula-altimetro que llevo en el reloj (que me regaló la Suli), podemos ir identificando las diferentes cumbres, valles, etc. El avance es costoso, pese a las raquetas, hay tramos en que nos hundimos entre 30-50 cms en cada paso. Hay mucha nieve, muchísima, y el riesgo de aludes también me preocupa. Estoy continuamente observando el entorno, pero las aristas superiores se ven estables, la orografía es muy alomada y poco abrupta, así que descarto ese peligro, por el momento. Es lo que tiene no tener ni puta idea de rutas invernales. Cualquier otro, a lo mejor, hubiera dicho "la nieve está de puta madre, joer". 

Empiezo a subir fuerte, pero hay puntos en que estoy a más de 500 m. de distancia de mis compañeros. Debo ir esperando a ratos al grupo pues sinó los perdía de vista y eso tampoco es buena política en la montaña. Yo es la primera vez que avanzo con raquetas, pero me siento como pez en el agua, me he adaptado muy bien y apenas me molestan. Voy trazando rutas alrededor de la vaguada principal aprovechando los puntos más bajos de desagüe de la nieve, y me noto fuerte.  El Ivan y el Angulo poco a poco se me ponen a la zaga y a mitad de collado los llevo a buen ritmo a mis espaldas. Abrir vía se hace algo más costoso a medida que vamos subiendo. Mantengo un ritmo uniforme, continuo, para no perder fuelle, pues el sol va en aumento y noto que empieza a ablandar la nieve. A las 10:30 miro el altímetro y estamos a casi 2500 metros, alcanzando el collado. El Ivan propone tirar “pel dret” por otra vaguada que parece ir más directa, aunque me confunde el Puigmal con otro pico menor que hay delante, precisamente el que delimita el colladito. Pero le recomendamos que no, que sigamos por la vaguada, que es donde la nieve se está acumulando y, por tanto, está mas firme. Un pavo a chiruca pelada está trazando ese camino y se está hundiendo casi hasta la cintura en según que tramos. Va solo, acompañado de un perro bóxer, el muy imprudente. Este tipo de imbéciles debería estar prohibido dejarlos ir a la montaña. Si le sucediera algo, debíamos nosotros entonces socorrerle, ¿no? No hay nadie más en los alrededores…

Antes de las 11 alcanzamos el collado. Allí decidimos parar para desayunar, estamos muertos de hambre y el croissant de las 7 ya lo tenemos en los pies. La verdad es que el sobreesfuerzo me ha dejao tocaíllo. Días atrás, currando, mientras subía por unas escaleras cargao con sacos de mortero, me dolía la rodilla, algún tendón del cuadríceps seguramente, y eso me dificultaba la subida. He empezado a notar lo mismo, tal vez por haber tirado tan fuerte, y espero que con el descanso del almuerzo la cosa se relaje.

Comemos mal apalancaos en la nieve, aunque no hay forma alguna de apalancarse, y algún otro decide directamente papear de pie. Yo cojo el pequeño petate de los crampones y lo uso de falca, le atravieso los bastoncitos y me siento encima. Allí me troncho un bocata de salchichón y una coke que me sabe a gloria. Saco entonces la crema solar (protección 50, la de los nenes), y el Angle, el Ivan y yo nos ponemos. El sol pega de manera infernal, y el reflejo en la nieve llega casi a abrasar. Los otros dos no quieren ponerse de momento, tal vez más tarde. (acabaron la excursión achicharraos, con el clásico dibujo de las lupas de sol en la cara)

Reemprendemos pasadas las 11:00. Estamos a 2600 y pico metros según mi altímetro, que todo el día presenta un margen de error mínimo (mucho menor que el altímetro de agujas que hasta ahora he ido llevando siempre). Sin embargo, me noto que la rodilla me pega fibladas de cuando en cuando, y entonces el Ivan se pone en cabeza. El Angulo y yo le seguimos a la zaga, y por detrás siguen como siempre el Xavi y el Carles.

Encaramos los tramos más durillos, los de mayor pendiente, pasado el rocote que el Ivan había confundido con el Puigmal. Yo voy apuraíllo a ratos, avanzando con la pierna izquierda de lado en los momentos mas heavys. Imposible haber abierto vía entonces, el esfuerzo anterior me está pasando factura. El Ivan, en cambio, se ha puesto las pilas y va bastante ligero, forzando un poco el ritmo, cosa que es de agradecer pues la calda está empezando a ablandar seriamente la nieve.

Alcanzando las aristas, miro el altímetro y marca 2798 m. El viento entonces empieza a azotar fuertemente, supongo que por el avance por las vertientes norte, que ya nos afecta. Queda muy poco y, alcanzada la línea de cumbres, el viento es infernal. En el repecho anterior a la cima sufro más que nunca y dejo pasar adelante al Xavi, que me sigue a la zaga, y lo estoy ralentizando con mi ritmo de agüelo. El Carles va mas rezagado, aunque llegamos juntos al antepecho. Mi altímetro marca entonces 2871 m. El margen de error es ínfimo. Desde allí ya vemos las cruces!!!!

Un último esfuerzo, encabezado por el Ivan, siguiendo el Angulo y tras él yo, y alcanzamos la cumbre a eso de las 12:10. Mi altímetro marca 2921 m. un desfase de tan sólo 10 m. Increíble! Las vistas desde allí son acojonantes: el Carlit, el Pedraforca, el Cadí… Pero no nos podemos recrear mucho pues el aire es brutal, como nunca había visto yo en una cumbre en día de calma. Se nos lleva literalmente, y yo debo agarrarme a la cruz para la fotico de rigor. Aún así, el cortaviento del curro funciona a las mil maravillas…

Decidimos reemprender la marcha en seguida, y encabeza ahora la “cordada” el Xavi. Tras él se sitúan el Ivan y el Carles, y el Angle y yo cerramos la marcha.

La bajada inicial es rápida, en las lineas de cumbre hay poca nieve, pero en seguida alcanzamos zonas de nieve muy espesa y, ya ahora, reblandecida a saco. Las raquetas se hunden al menos medio metro, así que a tramos vamos bajando casi en esquí-snow. Hay algunos patacazos (el Carles está algo torpe, y acaba por los suelos varias veces, bajo las risas despiadadas de los demás). El Angle y yo apenas rozamos suelo, aguantamos el tipo; se está volviendo un montañero de puta madre.

La bajada es muy rápida igualmente, nos vamos turnando en tomar la cabeza, pero ahora no hay ruta posible a trazar. Vayamos por donde vayamos, nos hundimos. Llegados a las cotas más bajas, a eso de las 13:00, la nieve es un pastizal, líquida en ocasiones. Gracias a Dios que hemos aprovechado las horas mañaneras; de no ser así, tal vez no hubiéramos podido subir.

A las 13:30 estamos encarando el camino de las pistas, y allí recibo un mensaje al móvil. Por fin recuperamos cobertura, y aprovecho para llamar a la Suli y darle buenas noticias. Me pone al Baluerik al teléfono, y hablo un poquillo con él. Me quedo rezagao en la marcha mientras hablo, pero cuando reemprendo veo que el Francesc y el Ivan se están asomando a ver si me ven. Buen detalle de montañeros.

Llegamos a Núria a eso de las 13:40, petaíllos por las duras condiciones de la bajada. Los tobillos agradecen que nos quitemos las raquetas. Los crampones no han hecho ni falta. Hablamos sobre qué hacer entonces, porque la idea que habíamos planteado era bajar andando por la pista de Núria a Queralbs, paralela al Cremallera. Pero el Carles está tocaíllo y dice que tiene “els peus plens de butllofes”. No le veo capaz de bajar. El Ivan también se queja de que las botas le han hecho daño.
Nos apalancamos a la entrada del santuario a descalzarnos, y alguno de ellos, pese a llevar las polainas, tiene los pies chorreando. Yo, en cambio, con mi invento cutre, que no ha fallado para nada pues los cordones siguen en su mismo sítio exacto, tengo los pies secos. Pero agradezco descalzarme un poco y aflojar las botas.

Nos sentamos fuera, al sol, en unas mesitas de madera junto al restaurante, y nos liamos a papear. El Angle invita a las bebidas pues es San José, su santo. Nos sientan debuten. Cafelitos y pal cremallera. A las 16:00 sale uno, así que nos estiramos con la tertulia y tal, comentando la jugada. Son buena gente, es un orgullo ir con gente así a la montaña, la verdad.

Entre pitos y flautas, reequipamiento de zapatos, despedida con el Xavi y tal, salimos del parking de Queralbs casi a las 17:00. Y a Molins llegamos a las 19:00, con parada en una area de servicio en Tona, para hacer una Coke y una última xerrada de “muntanyerus”.

Día cojonudo, no hay otra palabra que lo defina mejor.

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