jueves, 15 de marzo de 2012

PUIGPEDRÓS, 2.914 m. (10-03-2012)

El Puigpedrós es punto culminante de la provincia de Girona. Una vez aportado ese dato friki (que no aporta nada pero queda muy bien), me place puntualizar que el grupejo montañero Barcelonés-gironí atacó con éxito esta cumbre el pasado diez de marzo.

En principio iban a haber nuevas incorporaciones, un par de coleguitas de la peña de Ullà, pero al final ni el uno ni el otro pudieron acudir. Así mismo, los cuatro debutantes de la pasada ruta, la del Cadí-canal de Cristall (la Neus, la Nuri, el Marc petit y el Jose Luis) no han querido repetir. Quizás la experiencia allí fue demasiado traumática…

Sea como sea, el grupo molinense partió bien pronto desde el punto habitual de quedada, el Banco Santander (un saludo, señor Botín), pasando como siempre a recoger por Sant Andreu al muy excelentísimo señor Angulo. Tiramos millas y llegamos al punto de encuentro con los gironins, en este caso la bonita aldea de Meranges. Allí un café con leche de rigor y un croissant (o cualquier otra forma de bollería casera) para iniciar la marcha con algo en el estómago y de nuevo a los coches, hasta el refugio de Malniu.
Las previsiones meteorológicas son malas, mucho viento, y supuestamente hay mucha nieve, por lo que vamos cargados con grampons y raquetas alquiladas. Una vez allí vemos que no hacen ninguna falta, así que descartamos carretearlas.

La ruta de inicio, pero, es algo confusa debido a la gran cantidad de nieve que hay de partida, y en lugar de encarar el camino como dios manda, acortamos bordeando el lago de Malniu y la cagamos un poco, pues perdemos algo de tiempo para retomar el buen camino. Sin embargo, no hay mal que cien años dure (dicen) y todo vuelve a su sitio. El Angulo me comenta que le ha dado una pájara rara, y va un poco rezagado, por lo que los del grupo de cabeza (el Ivan y un servidor) decidimos bajar marchas.

Seguimos avanzando, con la ayuda de unas fitas que nos facilitan el camino, con bastante pendiente a tramos y varias zonas de intenso roquedal que, seguramente, dieron origen al nombre de tan bonita montaña. Llegamos a una explanada y, en frente, el pic de les Morelles de Puigpedrós, un conjunto de piedras que se levanta justo en frente de otro llano en el cual destaca la cumbre del Puigpedrós. Para encarar la cumbre hay que hacer una grimpadita facil, casi sin ayuda de las manos, que se sube en un plis-plas. Sin embargo, en ese punto el viento es casi huracanado, y me veo obligado a cerrar la capucha de la chaqueta cortavientos pues el aire me está destrozando los oídos. Una vez arriba, fotos de rigor en plan rápido, pues no se puede uno casi ni tener en pie.

El descenso lo hacemos por otra ruta, por aquello de variar un poco, y teníamos decidido bajar por una pista que se encara dirección sur hasta ir a buscar el GR-11, el que viene del refugio Folch i Girona. Hasta ahí todo bien. Una vez alcanzado el GR no parece que debiera haber más problemas, pero… Craso error! No sabemos bien como pero, llegado un punto, entre el roquedal que va ascendiendo y descendiendo por una pendiente de exposición sur, perdemos las marcas. Seguimos avanzando por la ladera, bien orientados, sin perder las referencias, pero no podemos evitar concentrarnos y debatir la situación, mapa en mano. La pena es que apenas tenemos un mierdoso 50.000 de la Cerdanya, de la editorial Alpina, que la verdad es que no resulta demasiado útil (una escala demasiado grande). En el mapa aparece marcada una cabaña, llamada Cabana de Tarter.
Pasamos por al lado de una especie de tóssol, una mini cabaña hecha de piedras, de apenas medio metro de alto. Dudamos que sea la Cabana del Tarter, pero el camino parece marcado, así que seguimos. Las dudas se plantean sobre si estamos por encima o por debajo del GR, y el Xavi propone ascender, pues en el mapa la supuesta cabaña está por debajo. Sin embargo, ni yo ni el Ivan lo tenemos claro, y a mi el altímetro me marca una cota muy superior. Después de avanzar algo más, demasiado, comprendemos que estamos demasiado arriba, y que el camino jamás lo encontraremos pues va bajando por debajo de nosotros. Así que descendemos algo más, buscando, y acabamos encontrando de nuevo las preciadas marcas rojas y blancas. Desde ahí hasta el refugio, pan comido, sin incidentes destacables.

Una vez cogidos los coches, paramos en Meranges a tomar una cervecita o coca-cola, mientras comentamos la jugada. El camarero, un yayo pagesot y decorado con un inmenso “Willy” en sus fosas nasales, nos aclara el embrollo. La cabana es más grande que lo que hemos visto, que no es más que un antiguo cubierto para pastores, y que se encuentra a más altura, bastante antes en el camino. Ya sólo nos queda reemprender la marcha, llegando a Molins de Rei a hora bastante razonable.


Buena excursión, pardiez!