Poco antes de las 5 de la mañana pasa el Angulo por casa, para aparcar y coger ambos la furgo. Hemos quedao en el terraplè con el Ivan y el Carles, que irán con otro coche. A las 5 y poco salimos parriba, llegando a Ripoll a eso de las 7. Allí, los dos conductores (el Carles y yo) tiramos para Queralbs solos, dejando a los otros dos en una cafereria a las afueras de Ripoll.
Una vez en Queralbs, en el parking del cremallera, nos encontramos con los que faltan, el Xavi y el Marc, que yo no conocía, pero que parece buen pavo (me recuerda vagamente a mi tío Manel). Traslado de mochilas y petates pues los coches del Carles y del Marc deben quedarse en Queralbs para la vuelta, y así los cuatro nos subimos a mi frago y de nuevo pa Ripoll. Un cafelito y un trozo de coca en la misma caferetía, mientras acabamos de planear la ruta, y nos vamos al lío.
Ahora sí, los seis metidos en la frago (el Marc, el último en llegar, pobresico, va sentao en el maletero), salimos para Ulldeter. Hay que ir hasta las pistas de esquí de Vallter 2000, a poco más de 2000 metros (tal como indica el nombre). Allí aparco en una zona de parking habilitada y empieza la pateada.
Hace un día de cojones, mucho mejor que las previsiones que se habían dado. Solano a saco, pero el airecillo viene fresco, así que guardo la chaqueta; llevo la camiseta descoloría de la boda hippie del Lewis y debajo una de manga larga.
Los primeros compases son de aclimatación. A ritmo muy bueno, marcado por el Ivan, que va en cabeza, llegamos en 15 minutos al refugi d’Ulldeter, a 2235 m. Calibro el altímetro y se ha ido un poquillo a la baja, lo que me hace sospechar que las bajas presiones están afectando a la atmósfera y que, en breve habrán nubarrones. Foticos de rigor y sigue el camino.
Hay que alcanzar el llamado Coll de la Marrana, a 2529 m. La subida es durilla, y el grupo de atrás se va quedando rezagado (Angulo, Carles y Xavi). En un replegamiento, el Angulo me comenta que va algo jodidillo, como si le estuviera dando un chungazo. Está sudando mucho, demasiado para lo que estamos haciendo. Me preocupa por aquello de lo del mal de altura, pero parece que no es nada. Reemprendemos, y el Iván me cede la cabeza y se me pone a la zaga. Tras él, viene el Marc, con las manos en los bolsillos como si estuviera paseando por las ramblas. El camino está marcado como GR (es el gr-11), pero a veces toca improvisar un poco la ruta para salvar enormes clapas de nieve o fangales impresionantes. Sigo en cabeza, me he puesto las pilas y tiro fuerte pues no me fio del tiempo. Llegados al coll de la Marrana empieza a taparse el sol a ratos. Mal asunto.
Desde allí hay cuatro rutas posibles: la típica es la subida al Bastiments (montaña que casi todos los allí presentes tenemos en nuestro haber), así que descartamos ampliar la ruta por allí. Dos caminos van hacia Núria por debajo, uno por el valle del Freser y otro por debajo de la cresta. El último, más chungo, no está marcado, pero es evidente, y va a buscar la linea de cumbres a partir del coll de Coma Mitjana, entre el Bastiments y el Pic de Freser. Este es el que habíamos decidido, pero no se ve camino alguno. Hay muchas tarteras y pedrizales que bajan abruptos del lomo oeste del Bastiments, diversas clapas de nieve y una pendiente acojonante. Pero no hay camino.
El Ivan duda, hay cierto debate de la ruta a seguir, así que decido tirar por la tangente y empiezo a trazar una diagonal directa hasta el collado, sin mirar vías buenas o malas. Como los burros, palante. Buscando eso sí, los pasos menos expuestos entre los pedrotes, los puntos en que la tartera está menos llena y las zonas donde la presencia de matorral me indica proximidad de suelo firme. El camino es genial, hay que ir con mucho cuidado, pero avanzamos rápido. El Ivan y el Marc intentan buscar caminos alternativos, pero en seguida se convencen que no hay más, todo está igual, así que se me ponen a la zaga. Llegamos al collado, a 2600 m, a eso de las 10:30. Por fin hemos alcanzado la cresta, que ahora no abandonaremos hasta mucho después. España a un lado, Francia al otro. Vamos muy bien de tiempo, pero hay hambre, así que nos apalancamos a almorzar. Yo llevo un bocata de queso y una Coke, que me sienta de puta madre, la verdad. Estoy bastante bien de forma, de momento no me ha resultado tan duro como en principio parecía.
Reemprendemos la marcha, y ahora toca subir al primer pico del día, el Pic de Freser. No hay camino trazado, solo una especie de vaguada entre el roquizal abrupto que es ese pico. Hay un par de pasos algo expuestos, pero tiro millas y, medio grimpando, alcanzo el pico enseguida, apenas en 15 minutos, seguido como siempre de los cracks del Ivan y del Marc. Estamos a 2835 m. La vaguada que nos queda debajo, en cara vertiente española, es el punto de nacimiento del río Freser. Ahora toca bajar por la carena, en dirección E-W, y allí hay un par de pasos complicadillos. Tanto el Ivan como el Angulo y yo mismo habíamos leído por ahí que este era el punto mas complicado de la ruta. Me meto por una especie de fisura, clavando los talones en ella, y bajo muy bien, aunque el peligro es importante. Sin embargo, no pienso que los que llevo detrás no son escaladores y, tal vez, puedan sufrir en esa bajada. Así que, desde abajo, busco una ruta alternativa y les recomiendo descender por un pedrizal paralelo, menos expuesto, con material suelto, pero menor peligro de caída. Bajan todos por allí y yo que me alegro de ello…
Seguimos cresteando. Es una ruta alucinante. Pasamos un pequeño colladito (el Portell dels Gorgs) y se nos presenta un nuevo problema. Para alcanzar el Pic de l’Infern, siguiente objetivo que no se encuentra en la misma carena (sino que hay que subir un poco, por territorio plenamente gavacho), hay una zona completamente cubierta de nieve, incluida la cresta. Yo, en cabeza, he tirado millas y empiezo a cruzar la clapa de nieve haciéndome “escalones” con los bastoncillos Quechua, para evitar sustos y asegurarme de la no presencia de hielo, agujeros profundos, etc. Sin embargo, los de detrás siguen la recomendación de otros montañeros que también andan por allí y prefieren voltear la cumbre dels Gorgs, que queda encima, y encarar l’Infern desde la otra vertiente. Yo alcanzo la cresta nevada y, tras asegurarme de que el terreno es firme y no hay peligro de allaus, avanzo nuevamente por ella. Para bajar de nuevo a la otra vertiente, tallo escalones de nuevo y llego casi directo a la cumbre. El Ivan y el Carles ya están allí, los otros aún no han llegado. Estamos a 2869 m. el punto mas alto de toda la ruta.
Reemprendemos el camino, buscando otra vez la cresta E-W, y en todas estas son ya las 12. Ahora el Ivan va en cabeza por la cresta. En ese instante, el tiempo se ha enturbiado considerablemente, haciéndose reales mis predicciones previas. El parte meteorológico había anunciado que las tormentas no se desarrollarían hasta la tarde, pero yo lo sospechaba desde hacía ya rato: todas las cotas marcadas por mi altímetro, pese a calibrarlo cada vez a la altura del mapa, estaban por debajo. La presión atmosférica estaba bajando escandalosamente.
Mientras estamos haciendo la cresta por encima de la Barraca de Tirapits, el Ivan y yo empezamos a trazar visualmente el recorrido pues, debido al avance de nubes y brumas muy espesas, tenemos miedo de perder las referencias. Nos liamos un poco con una carena secundaria que viene en dirección N-S, y ninguno de los dos alcanzamos a dar con el Puigmal y la supuesta ubicación de Núria. Pasado el collado del que parte esa linea de cumbres, el coll de Carançà, lo vemos clarísimo. Cuando alcanzamos el Pic de la Fossa del Gegant, de 2808 m, empieza no a llover; a pedregar. Sin embargo, es una piedra pequeña que, con la gorra puesta y encima el cortavientos, apenas noto. Vamos bastante protegidos todos y pienso que mejor así que no una lluvia torrencial, que nos dejaría empapaos. Pero la atmósfera está cada vez mas negra.
Alcanzamos el Coll de Noucreus, precioso collado adornado con nueve cruces, que causan bastante impresión (sobretodo si piensas que las han podido plantar allí por algun accidente) y de allí parte un camino a Núria. Lo comentamos, y decidimos continuar un poco más hasta el Cim de Noucreus (2799), pasado el cual hay otro camino de bajada. Tomo la delantera de nuevo y avanzo cagando ostias, pues no me fio. Prefiero encarar el camino de bajada (otro GR) antes de que las brumas nos envuelvan completamente en las cumbres. Subimos al último pico de la ruta, y en seguida tiro millas pabajo, para el coll de Noufonts, donde ya podemos divisar una barraca abandonada que allí se encuentra.
Son las 13:20. El camino de bajada no tiene pérdida, está señalizado, así que el Ivan y yo nos avanzamos mucho, forzando la marcha de los demás. Queremos pillar el cremallera, que pasa a las 14:20, así que toca ir rapidito. Sino, tendremos que esperar una hora más. La bajada es buena, el camino muy guapo, al lado del torrent de Noufonts, que va trazando diversos saltos de agua, preciosos.
En un punto se enlaza con el otro camino, el que bajaba de Noucreus, y pasa entonces por el Pont de l’Escudé (que, badando, casi me paso de largo si no es por el Ivan).
En un momento en que voy muy avanzado, empieza a pedregar de nuevo. Me cruzo entonces con una inglesa que va camino para arriba. Me pregunta que cual es la ruta mejor para hacer por allí, y yo le digo, con mi inglés macarrónico, que como está tan loca de andar sola por allí. Me dice literalmente señalando al cielo:
-I love this weather!
Yo flipo en colores y le explico la ruta que nosotros llevamos. Le sugiero que suba a Noucreus y de allí a la Pica del Gegant (se lo enseño en el mapa). Es el pico más cercano, mas directo y menos perdedor. La verdad es que prefiero indicarle una ruta corta, pues el tiempo va a empeorar cada vez más.
Seguimos avanzando. En las vaguadas laterales, observamos muchas madrigueras, e incluso podemos ver alguna que otra marmota revoloteando. Eso sí que es calidad ecológica. Ya vemos el santuario de Núria desde lejos, poco queda ya de pateada. Llegamos allí justo a las 14:20, corriendo, justo para pillar el cremallera (haciendo un simpa histórico). Ahora toca toda la logística posterior. Eso sí, nos fuimos a comer a Ventolà, un pueblecillo de la zona, en una masia donde, por 20 euracos, comimos como cerdos.