Llevábamos semanas planificando esta salida. Había varios miembros de la Comunidad, especialmente la Suli, que hacía años que tenían la espinita clavada de subir al Pedra. Ella, por ejemplo, ya desde antes de conocernos y cuando veraneaba en Malanyeu, se había comprado unas Xirucas modelo "Pedraforca" tan solo para subirlo... El Adrià, por ejemplo, había fallado por causas varias en las dos veces anteriores que con el Angulo habíamos atacado la cumbre. El Kim lo tenía en mente de hace mucho tiempo, y llevábamos años comentando la jugada. Al final, tras varias reuniones familiares, se definió un Dream Team que se componía de la siguiente alineación:
Suli - Miki - Isa - Kim - Emma - Jan - Toni - Vià - Geni
Habían algunas bajas de última hora, pues la Lina, la Diana y el Aleix (cuñao del Miki) también fueron posibles expedicionarios, pero por causas diversas al final no pudieron venir. Tras hablarlo en activa y en pasiva y tras suspender el ascenso programado para la fecha del 14 de junio (por el asunto chungo del ojo jodido de la Mammma), finalmente se quedó para el finde del 27-28 de junio.
El comando Moulins, la Suli y un servidor, salimos prontito de nuestro cuartel general, con la Volkswagen California a punto y cargada para la ocasión. Llevamos a los pitufos a casa de mi cuñada, donde iban a pasar el finde, y ellos encantaos de la vida. Salimos para el Berguedà prontito, a eso de las 10h, con destino a Bagá. Allí está la residencia canina Cadí, donde ibamos a dejar en hotel de 5 estrellas a la Akane, tan viejuna ya que resulta imposible llevarla a la expedición. A las 12h estamos ya allí, la soltamos y nos vamos a Bagá a tomar una cervecita en la plaza porxada, bajo la atenta vigilancia de la estatua de Galceran de Pinós. A mediodía hemos quedado en Malanyeu con mis suegros, que subían a comer allí, y así aprovechamos para hacer una buena comilona, más sabiendo que luego ibamos a guarrear de mala manera a los pies del Pedra... Xai a la brasa, unas ensaladitas, mel y mató... Nos atiborramos y salimos a dar un paseo con la Merche por los aledaños, mientras observamos curiosos como se está preparando una "Cursa de Orientació" en los alrededores de Ca l'Anglada. Algunos imprudentes sudan la gota gorda a las 5 de la tarde en las vertientes de la Foradada, cerca de la Font Gran o en dirección a Cal Pigot. Llevan mapas en las manos y van merodeando campo a través, sin demasiado orden ni concierto. Hay una tipa tamaño XXXL que no se ve muy preparada para la ocasión, pero ella con sus mallas ajustadas pasea arriba y abajo en busca de pistas...
La Suli y el menda en Ca l'Anglada, con el Pedra de fondo...
En fin, a eso de las 17:30h salimos de Malanyeu dirección Saldes, donde hemos quedado a partir de las 18h con los comandos Tarragona, no sin antes hacer un trecho de la pista del Gresolet para buscar zonas posibles de acampada. Llegamos los primeros, nos tomamos un café con leche en un bareto mientras la Suli carga el móvil (la batería de la Volkswagen nos ha fallado) y al rato aparece el comando Vallclara; Ime, Toni y Jan. Abrazos, risas, explicaciones a los pies del Pedra, mientras la Ime mira con asombro y respeto la pendiente de la tartera.
-Por ahí hay que bajar????
Fantasmagórica vista del Pedra desde Saldes...
El Toni nos muestra una espectacular herida de guerra: "esquilant" una ovella se ha llevado una coz brutal y lleva un bultaco en la espinilla que lo flipas. No se si será capaz de subir con eso, va chutao de ibuprofeno y de Trombocid, pero parece que aguantará. Es un burraco, la verdad. Xarramos, una cervecita más y, al rato, decidimos ir a buscar una zona de apalanque. Antes, la Suli y yo habíamos detectado varias, pero la mas convincente es el area recreativa de la Serra, donde hay una fuente y varias mesitas. Cuando llegamos, hay allí instalados un par de perroflautas con una Camper, con un chiringuito bestial. Mesita, sillas, fogoncillo... Serán nuestros vecinos durante un par de horas, hasta que se hartan de nuestro follón, nuestros gritos y risas y se piran a acampar a otro lado, un km más arriba en la carretera...
Mientras tanto, varias vacas van bajando lentamente por la carretera, curioseando nuestro campamento. Un toro decide quedarse allí mismo, montando guardia. Nos acompañó toda la noche, a pie de carretera, como vigilándonos. Su silueta iluminada por los focos de los coches en plena noche era curiosa de ver, la verdad.
El Toni persiguiendo al torito...
A eso de las 22:30h llega el comando Tarragona: Miki, Isa, Kim y Vià. Batallitas, explicaciones, y cena conjunta en las mesas del area recreativa. Decidimos ir a dormir pronto, pues mañana toca madrugón. Hay que salir mega pronto, pues a mediodía el calor podría ser insoportable. Antes de las 24h ya estamos organizando la dormida. En la frago acaban durmiendo seis personas: el Jan y la Isa en la cama elevada; la Suli, el Miki, el Vià y yo en la cama de abajo. Al final, la Suli se acaba trasladando a uno de los asientos estirados. La Ime y el Toni en su coche, con los asientos estirados, también. Y el Kim hace vivac en el mismo suelo del recreativa, con un par de esterillas y una manta de vaca que le dejamos, haciendo compañía al bóvido nocturno.
Desayuno con nuestro bóvido amigo de fondo...
La mañana siguiente amaneció clara y serena. Un sol de espanto iba a esperarnos, así que a eso de las 5:30 ya estaba todo el mundo en planta. Desayuno rápido, recogida de bártulos (la Volkswagen apenas fue aderezada, ya habría tiempo más tarde para ponerlo todo en su sitio...). Eso sí, cada uno recuperó un sombrero pues, según una apuesta hecha anteriormente, había que ascender el Pedra tocado con un sombrero ridículo. No todos cumplieron la premisa, pero servidor llevaba un sombrero tirolés auténtico (comprado en Innsbruck hace años), el Jan llevaba un sombrero de hooligan irlandés, el Vià un casquete marroquí, el Toni un gorro cubano y algún que otro sombrero hortera asomó por allí. Se hicieron los bocadillos para todos, repartimos provisiones, y carretera arriba!
En breve se llega al mirador del Gresolet desde allí, apenas hay 3 kms. Una vez allí, casi a las 7h, el parking está ya lleno, así que toca aparcar el la pista forestal, la que se dirige al lomo sur del Cadí. Aparcamos, nos equipamos con mochilas y bastonets, y adelante.
Henos aquí en el punto de partida. El menda, con sombrero tirolés...
Empieza la subida hasta el refugio, con fuerte pendiente y un variopinto grupete de frikis, cada uno ataviado con un tocado diferente. Llegados al refugio Lluís Estasen, no nos entretuvimos y tomamos camino hacia arriba, camino del coll de Verdet. Seguimos la procesión, manteniendo el grupo cohesionado en todo momento, aunque ya empezaba a despuntar cual iba a ser el ritmo de cada uno. Por delante, abriendo via y como Sherpa oficial, estaba el menda, seguido siempre por el Jan y el Toni. Un pelín más atrás iban turnándose los Pérez Pla, Miki, Kim y Adrià, seguidos por la Suli. En la cola, la Isa y la Ime, cuya asma condicionó el ritmo suyo y del grupo, asunto que por otra parte no fue problema porque así todo el mundo podía ir más desahogado.
Los compases iniciales, con algunos tramos de llaneo, no fueron suficientes para recuperar aire, así que en el punto en que el PR da un rodeo hacia el Este alcanzando casi la canal de Riambau, preferí realizarlo antes que cortar por lo sano, evitando entonces un buen tramo de pendiente. El camino parecía perderse un poco, tuve un par de dudas sobre que sendero seguir, pero con la ayuda del mapa retomamos la senda buena y, en breve recuperamos el camino original. A partir de allí ya no hay más rodeos posibles, cuesta arriba y poco más. El collado fue encarado por el grupo, replegado al completo, con cierta desesperación. Para el colmo de males, en una de las replegadas, veo que aparece el Miki con la suela de su bota literalmente en su mano. El susto colectivo me puso en alerta; incluso me planteé regresar yo solo al coche y traerle unas bambas, o algo, pero el Toni llevaba cinta aislante por doquier, y la Ime una navaja y cuerdas. Con ello, pude apañar un arreglo aceptable, a base de un par o tres de ballestrinques (que casi le cangrenan el pie de lo fuertes que los até), asegurados por un buen porrón de cinta aislante. El invento pareció funcionar, así que seguimos la ruta hacia arriba, habiendo perdido a lo tonto una buena media hora entre pitos y flautas...
El apaño en las botas del Miki. Funcionará?
El coll del Verdet es durillo, la verdad, y el grupo debía irse replegando cada tres por cuatro. La cuesta cada vez era más vertical, y me preocupaban las asmáticas (Suli y Emma), pero parecía que habían conseguido mantener un ritmo constante de avance adaptado a su respiración, y la verdad es que iban muy bien. Todo el grupo se comportó en el collado, el tramo que yo creía que iba a ser más costoso para el grupo. Llegados al collado, a eso de las 10h, tras tres horas de avance, hicimos un breve descanso. Buscamos unas rocas a resguardo del viento del norte que, pese a la inmensa calor, hacía mella en el cuerpo de lo fresquito que venía. Hubo quien se vio obligado a recuperar la manga larga durante un rato, mientras el Jan se hinchaba de panets de llet, madalenas, Mars, Twix y múltiples otras guarradas. No quisimos esperar demasiado, apenas 5 minutillos, pues el sol parecía querer apretar más aún, y la ruta ahora discurría por roca pura y dura, sin sombra alguna. Así que dimos inicio a la grimpada, acompañados cada vez más por otros imprudentes que habían decidido visitar el macizo aquel día. Delante nuestro, unos venezolanos palurdos, bastante pardillos pese a sus equipaciones full equip ultra profesionales; tras nosotros, una familia friki con un padre calvete que iba de enterao pese a pasarse en exceso de prudente y una niña de unos 10 años que la pobre iba cagaílla.
La grimpada preferí que la abriera el Toni con el Jan, que consideré bastante aptos para tales quehaceres, mientras preferí quedarme atrás con la Suli, para echarle una mano en caso de necesidad (el vértigo es impredecible, y la Suli lo tiene). Sin embargo, todos me sorprendieron y empezaron a subir con soltura, sin problemas en ningún punto, incluso en el tramo ese equipado estúpidamente con una cuerda rosa. Todos iban muy bien, la Isa y la Ime con seguridad, ayudadas por el Miki o por mi si hacía falta, mientras el Vià y el Kim tomaban delantera. Estaba bien porque había un escalador en cada zona de acceso, el Toni por delante, el Vià al medio y yo por la zona de la retaguardia. Los pasos que fuimos escogiendo fueron casi estrictamente los marcados por los puntos amarillos, con algunas variantes notables bajo la escandalizada mirada del papá prudente y su prole. Sin embargo, yo mismo fui buscando la ruta tradicional para ahorrarle disgustos a la Suli, sobretodo. La verdad es que subió muy bien, y en seguida se puso a la zaga de los anteriores, llevando al Kim y al Vià por delante en todo momento. Tras los amagos del fals Pollegó y del Avantcim, tras la última canal llegamos todos a la cumbre del Pollegó Superior a eso de las 11h, a 2.507 metros (antes estaba marcada por 2.498, no se que ha pasado con esos 9 metros de más...) Alegrías, abrazos, gritos frikis... Todos contentos con el ascenso, especialmente la Suli, que tanto tiempo había esperado en alcanzar ese sueño.
La Suli y el Kim en la cumbre...
En la cumbre, casi a mitad de camino y en el repechón anterior a la mini cruz, el equipo Pérez Pla se detuvo a descansar un rato, esta vez fueron unos buenos 20 minutos. Alguien comió alguna cosilla, yo me tomé una Coke sencillamente, pero aprovechamos para alimentar unas grajillas que con bastante morro, se acercaron a nosotros hasta límites poco vistos.
El Miki y un servidor arriba del todo
La cima iba llenándose cada vez más de peña, incluído alguno de los venezolanos raros de antes, así que la Ime propuso empezar a bajar antes que lo hiciera toda la marabunta. Y así hicimos, dando inicio a la desgrimpada por la ruta que bautizamos como "las Escaleras de Mordor".En poco más de 20 minutos estabamos todos abajo, sin problemas aparentes, pese a que este descenso era una de mis preocupaciones principales (mala memoria la mía, supongo). Antes de las 12h, pues estaba el grupo casi replegado en la enforcadura, admirando el salvaje espectáculo ofrecido por el Pedra y, supongo que algunos, sudando por la aventura que veían que se les venía encima: la tartera.
Encarando la temida tartera...
Reconozco que este "obstáculo" no pensé en ningún momento antes, durante la planificación de la expedición, que pudiera ser tan duro para algunos. Conociéndolos tan bien a cada uno de ellos, estaba convencido que los problemas iban a tenerlos más en la dura subida al collado, por el tema pulmones, o en la grimpada, por el tema vértigo. Y reconozco que me equivoqué de lleno. Todos ellos mostraron sobradamente que superaron con creces tales obstáculos y, en cambio, la tartera se convirtió en una pesadilla para algunos de ellos.
El Miki, de buenas a primeras, hubo de recomponer sus botas. Le metimos más cinta aislante, reafirmamos los nudos, y camino abajo. El mismo y el Jan se me pusieron a la zaga y encararon la tartera desde buen principio como Dios manda; por el centro, buscando las zonas con más pedriza, con más depósito de grava, para poder "surfear" por encima y no resbalar continuamente. Eso es lo que no hicieron los que venían por detrás. Nuevo error por mi parte (mea culpa), no esperar a todo el grupete y echarles una pequeña charla de los beneficios e inconvenientes de la grava suelta. Porque es cierto, cuanta menos grava y más dispersa, mas patinazos. El camino trazado con marcas de PR fue una quimera para todos aquellos que, durante la parte baja de las "escaleras de Mordor" ya habían empezado a patinar. Porque ese camino, que yo jamás había hecho en mis dos anteriores ascensiones (siempre he bajado a saco por la tartera surfeando) es traidor, muy traidor. En inicio parece encarar la tartera por un lateral, zigzagueando, pero luego se va perdiendo a tramos y va encarando pendientes bastante pronunciadas igual, con el handicap de la gravilla. Tan poca grava con suelo duro de fondo es muchísimo peor que el simple hecho de deslizarse clavando talones por las canales de grava de la tartera central. Así que, sin darme apenas cuenta, el grupete formado por la Emma, la Isa, el Kim y la Suli se encaró desde buen principio para el camino. Desde abajo vi como la Suli en seguida se desdijo, dando un giro de 180 grados hacia el Este y retomando los pedrizales. Pese a su desentreno de años en la montaña, ella lleva muchos kms a sus espaldas en la montaña, y seguramente vio mas cómodo deslizarse por la acumulación de piedras que tener que ir haciendo malabarismos en el camino gravoso. El Jan acababa de darse una santa hostia en la que podría haberse hecho mucho daño, así que lo regañé y lo obligué a pararse y esperar. Intentando hacerse el fatxenda, aguantó el tipo, pero se le saltaban las lagrimillas al pobre. El Miki también esperó, y el grupo del Vià, Toni y Suli en seguida nos alcanzó. Este reagrupamiento duró poco; bajamos unos metros más a toda leche, pero al darnos la vuelta vimos que la distancia con el grupete del camino era bestial. Los estuvimos observando un rato y, realmente, parecía que no avanzaban, sino más bien que se alejaban de nosotros...! En determinados momentos vimos que bajaban con el culo pegado al suelo, deslizàndose por algún saliente del camino con más pendiente de la cuenta (olé el camino, pardiez), y para acabar de adobarlo, resulta que a la Isa algún imprudente que andaba por encima suyo le había mandado un par de pedruscos que le impactaron en rodilla y hombro respectivamente. El camino no estaba muy concurrido, y vimos a un abuelete con bastones Quechua que parecía querer ayudarles.
Finalmente, el Toni y un servidor decidimos ir a buscarlos y a echarles una mano de veras, teniendo que remontar la tartera unos cuantos (bastantes) metros cuesta arriba; en mi caso, yo iba con la idea clara de conseguir arrastrarlos hacia la tartera. Creo que en aquel momento estaban medio bloqueados y no atendieron a razones de buenas a primeras cuando llegué y se lo aconsejé, pero me puse delante suyo abriendo camino y, al cabo de un rato, conseguí poco a poco que fueran pisando grava mas densa y uniforme, para que se convencieran de que realmente era un terreno más cómodo de bajar. La Isa y el Kim finalmente me siguieron y los guié en una diagonal tramposa para bajar al centro de la tartera. Una vez allí poco a poco fueron cogiéndole el rollo y, al cabo de un rato, estaban replegados con el grupete de avance que, a instancias de la Suli, se habían parado bajo la sombra de un pino solitario a mitad de tartera, a esperarnos. Mientras esperábamos a la Emma y el Toni (que no consiguió arrastrar a su mujer hacia el centro de la tartera de ningún modo), aconsejé a los otros que fueran tirando millas, agrupados, en busca del trencall a la izquierda que supone el camino definitivo de regreso al refugio. Mientras iniciaban el descenso, de nuevo rehice camino atrás para alcanzar a los vallclarins. Cuando llegué, me puse frente a ellos y les abrí via un rato, intentando en vano alcanzar la tartera lateral que iban todo el rato dejando a su izquierda. El Toni, además, iba rajando con todo aquel que nos encontrabamos; en general, gente que bajaban más rápido y nos adelantaban. Patacazo tras patacado, el Toni iba resbalando continuamente, el cabrón, hasta que un hombrecillo ataviado con sombrero de explorador cutre le soltó la frase mítica que pasará a los anales de la historia familiar:
-Escolta, noi, no parlis tant i mira per on vas, que tota la estona estàs pel terra...!
Llorando de risa, tomé el camino que poco a poco va elevándose a la derecha de la tartera, alejándonos de la misma, para mi decepción. Sin embargo, hubo un punto en que el camino volvía a mezclarse con las piedras grises de la tartera central, y pensé que era el momento. Así que tomé la directa y me metí de lleno, obligando a la Emma a hacerlo también, y entonces el Toni y yo le fuimos indicando como "navegar" por el mar de piedras. En seguida le cogió el rollo y, con la ayuda del bastoncito de los chinos que llevaba, fue bajando con cada vez más soltura. Esta última fase ya me tranquilizó lo suficiente como para hacer los últimos 200 metros a lo bestia, hasta alcanzar al grupete nuestro, ya replegado desde hacía un rato frente al camino del refugio.
Todos reagrupados de nuevo, hicimos un alto para beber agua, explicar batallitas y plantear el resto de la ruta. Con orgullo les indiqué que se habían acabado las peripecias, y que ahora apenas quedaba un camino llano de 25 minutillos hasta el refugio, donde podríamos hacer el alto definitivo y comer (pues algunos apenas habíamos probado bocado y estávamos desmayados). Así hicimos, por lo que de nuevo tomé la delantera, con el Jan como siempre pegado detrás, y avanzamos a ritmo rápido por el bonito camino boscoso cuya sombra agradecimos a horas tan intempestivas. Ya eran las 13:30 cuando alcanzamos el Lluís Estasen, y la alegría fue desbordante, entonces. Nos felicitamos los unos a los otros por la gesta conseguida por la Comunidad, tal vez la más ambiciosa, y buscamos un rinconcito a la sombra donde jincarnos los bocatas. Eso sí, con unas merecidas cervezas que, a precio de oro, compramos en el refugio de marras. Como decía Haddock al final de nosequé album, "tot va bé si acaba bé".
Y así fue. Tras el merecido descanso, descenso rápido al mirador del Gresolet, reequipamiento rápido (cambio de ropas y calzados diversos, en especial el del Miki, que estaba de nuevo en las últimas), y carretera y manta a Saldes de nuevo. Y de nuevo al mismo bareto de ayer donde consumimos nuevas rondas de cervezas, colas, etc. Charla memorable entre todos, narrando las peripecias vividas, risas, batallitas, y recuerdos. Ya tan solo quedaba despedirse y cada cual para su coche, pues el regreso aún era largo. La Suli y yo, además, teníamos que subir hasta Bagà a recoger a la Akane...
Grandísima aventura, sí señor!!!!









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